sábado, 24 de abril de 2021

Mi Homenaje a las mujeres

 Mi Homenaje a las mujeres del mundo en honor a Las Madres Campesinas colombianas.




Las verracas mujeres de mi tierra, esas heroínas eternas; esas damas con temple de acero, que  llorarán por una novela pero nunca por  exigir sus derechos, que antes lo hacen afinando el temple, en voz alta y sin quebrarla jamás; esas mujeres que acumulan en sus vísceras toda la  paciencia y les sobra espacio; esas hermosas señoras que alzan la voz en forma unánime cuando por reclamar sus derechos se da el caso y no emiten jamás una nota en falso así sea delante  del cadáver de sus hijos; esas damas de cayenas o trinitarias en el pelo, ya sea para la fiesta o el velorio, que no lucen sus flores por jolgorios sino por la costumbre del aroma; esas esbeltas figuras femeninas tan dulces y delicadas en el trato, que arrancarían de las fauces del león a su hijo si fuera necesario; esas mujeres sin estudios, en muchos casos, que resuelven con mayor desenvolturas que el galeno la cruel constipación que aqueja al niño; esas astrónomas naturales, que cazan el cuarto menguante para la siembra y  la luna nueva para la administración del quenopodio; esas geómetras ignotas que dividen en cuatro partes iguales la única arepa disponible o hacen un buñuelo tan esférico que soportaría la prueba del compás; esas nobles mujeres de mi tierra campesina, que aman al consorte como a un dios y le son fieles hasta el exceso; esas mujeres que han tenido que enterrar a sus maridos y seguir con la carga de los hijos (que  eso lo de carga les ofende), y los sacan adelante con un tesón que es sorprendente, para perderlo a veces como víctimas del secuestro, o reclutados por los violentos o el gobierno; esas madres que si tienen que explicarle a sus niños que son los meridianos, no se rebuscan, y les cuentan a sus hijos que son las líneas que no existen, pero que aparecen en el mapamundi, marcados de la misma manera que se parte la patilla, en tajadas, y que los paralelos son otras líneas que tampoco existen, pero que las pintan en los mapas de la misma manera que se pica la piña en rodajas.

Para esas madres campesinas, tan hermosas como abnegadas, van estas líneas:

A MIS MADRES COLOMBIANAS CAMPESINAS

Encajados los hijos a falta del coche prohibitivo,

la humilde campesina colombiana

desarrolla su vida cotidiana.

No había bienestarina en aquel tiempo

y la fécula trifilásica suplía

la carencia alimentaria sempiterna;

y crecimos sin ansias ni desganos,

con dril y franela amansalocos

los hijos de esta madres de perrenque,

que amaban como un dios a sus maridos

y hablaban de almácigo y cosecha.

Por estas madres divinas de mi tierra,

sin clubes, sin modas, sin desriz,

con aroma de cilantro y hierbabuena,

me alegra escribir a su memoria.

Sin estudios algunas (casi todas),

no requieren de profunda Astronomía,

si no de la menguante por la siembra,

y por la purga de los hijos, luna nueva;

dividen una arepa en cuatro partes

(sin cociente, sin residuo, sin medida)

que soporta la pesa miligrámica;

dominan los aros del rosquete

y la circunferencia de la arepa y del buñuelo

que aguantan los rigores del compás;

no saben de inflaciones, pero inflan

la arepuela tan delgada, que hay que verla

para dimensionar el milagro de ese logro;

no saben de glamour, ni les importa,

pero van por esos campos cada tarde,

con sus ropas limpias y heliotropos

que huelen a prudencia y a decencia;

si un hijo se constipa y no obedece,

al sen o al quenopodio, se preocupa

y acude a la “comae” y en junta médica

deciden la efectiva lavativa;

la cuchara del postre o de la sopa,

los tenedores diversos y los cuchillos,

lo resumen a cuchara de totumo

en una sencillez que me enamora;

las copas de Bohemia o Baccarat

para  el vino del color de la ocasión,

y la de los cocteles tan diversos,

lo reduce a la comba de la mano;

no conoce de cifras decimales

pero ajusta su menguado presupuesto

haciendo con los avos del centavo

un milagro local de economía;

no hablan en lenguaje refinado

ni en voces neologísticas y fartas

porque suelen llamar pan a lo que es pan;

y son tan castas, tan lógicas, tan serias,

tan madres, tan esposas tan divinas

que ya han ganado el cielo aquí en la tierra

mis madres colombianas campesinas.

                      Fragmento de la novela inédita "La Huida Definitiva"

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