TU SEMILLA.
Como un fruto prohibido, tu semilla convoca
y mi boca hace agua al pensar que ya beso
esa fruta negada, ese pan antojado,
ese grano divino que germina en mi boca
y mi fértil saliva que la eleva gustosa
es abono propicio para hacer que germine
en parcela fecunda esa fruta anhelada
por mis gratos antojos: tu semilla sublime.
La abonada pradera que le ofrece mi boca
a la próvida almendra de sabor exquisito
enloquece de ganas, la simiente exigida
y mi lengua sedienta, un reptil que provoca
un zarpazo angustiado que te incita al gemido,
en el éxtasis plácido que te vuelve a la vida.
LA LLAVE
Te recuerdo intentando cerrar la vieja chapa
del vetusto hotel de tu posada.
El aire caliente aunque tempranero,
lograba sacarte quejas apenas audibles
que por tu temperamento agraciado
parecía complacerte. Sé que no era así.
Tus ojos claros a contraluz de la mañana,
parecían complacidos
con los dardos luminosos del sol a las siete
de este Mompox de marzo,
Claro y tórrido.
Por fin, cuando la cerraste,
ya el café se había enfriado y salimos
por la Calle Real del Medio,
a conversar con los areneros, con los pescadores,
con la gente del mercado,
a conocer casas de historias remotas y lindas,
a imaginar a Bolivar con resaca y en ese calor infernal
lo mal genioso que se pondría en la Casa de los Piñeres,
donde planeaba su viaje a Santa Marta,
para invertir el rumbo a Cartagena;
a preguntar cómo se llama ese caserón abandonado
y quienes fueron sus dueños,
a averiguar el costo de las casas abandonadas
y a sorprendernos por el precio escuchado
y yo, a pensar que lindo sería perdernos para siempre
en ese pueblo sin carretera pavimentada
pero lleno de historia y de amor
mientras tú dejabas que pasara el tiempo
para tu conferencia en el ayuntamiento municipal
aplaudida a rabiar,
mientras yo regresaba a Valledupar
con la inmensa tristeza de alejarme de ti,
trayendo conmigo la llave que conservo
como si fuera el código de signos convenidos
para guardar el secreto de nuestro amor.
NO HAY ESPACIO LIBRE EN MI MEMORIA
No hay espacio libre en mi memoria.
En cada átomo, (¿la memoria tiene átomos?),
se acomoda algo tuyo,
cada centímetro lo abarcas a tus anchas ,
(¿se mide la memoria por centímetros?),
cada instante (¿tiene instantes la memoria?)
lo llenas de recuerdos siempre gratos.
En la extensa dimensión de mi memoria
(no sé si un simple punto, algún área
o la simple realidad de los objetos)
no hay espacios disponibles para nada,
en la forma o las formas que se den,
( no sé si plana, si esférica o cuadrada,
si cúbica, ( ¿si tiene la memoria una figura? )
se amoldan cosas tuyas que me llenan.
Esta falta de espacios, o dimensiones
o de formas, o de tiempo o de figura,
no la alcanzo a comprender.
Yo, que no entiendo, ni de megas, de gigas ni de teras,
ni de átomos, moléculas o neutrones,
nada puedo entender, pues mi memoria,
no es expandible como aquella memoria del infiel,
que permite suprimir algún archivo
para darle cavidad a datos nuevos.
Si me llena y me complace tu recuerdo
¿para qué borrarlo si no quiero?
ME GUSTA RECORDARTE
Te recuerdo, amor, rendida,
con una sonrisa en tu rostro de plena satisfacción.
Te recuerdo desnuda,
portadora de mis líquidos,
con tus brazos extendidos
como aquellas bailarinas de ballet
Te recuerdo, amor,
con tus ojos cerrados
que te muestran virginal y obscena a la vez.
Te recuerdo jadeante,
dándome las gracias que yo he debido darte.
Te recuerdo en la cama
de sábanas revueltas y de almohadas fuera de lugar,
En la habitación a media luz
riéndote de la risa que me produce el éxtasis,
Esa risa posterior al grito
que te impresiona,
que es como mi pequeña muerte.
Te recuerdo nítida,
como si estuviera sucediendo hora,
y me produce la misma agradable sensación
que me produce tu presencia.
Te recuerdo, amor,
Recuerdo tu lunar de corazón,
Las pecas hermosas de tu rostro hermoso,
La rebeldía de ese mechón de pelo.
¡Me gusta recordarte!

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