miércoles, 7 de abril de 2021

PÁGINA EN BLANCO

PÁGINA EN BLANCO




Una página en blanco no siempre es sinónimo de infertilidad. Pudo haberse gestado sobre ella una o varias historias , sin que apareciera un comienzo digno  de ti. No la  juzgues siempre como si la musa no hubiera asomado, que no desapareces de mi mente
 Una página en blanco puede contener horas de trabajo silencioso, desvelos infernales, el alfabeto completo suprimido, frases barridas por el infame borrador que obedece al exigente impulso del poeta al no juzgar digno de ti el primer verso reintentado decenas de veces.
Una página en blanco, puede llevar en su interior vanos intentos, lleva  el sudor del poeta, lágrimas amargas, partículas de saliva arriadas por la complicidad del papel secante. Hoy no me salió el poema. Escribí esto para que sepas que también hoy, como cada noche acomodé la almohada y me recosté a  pensarte con el lápiz amainado por la furia atroz del sacapuntas.


LA MUSA ENTRE LOS VIEJOS POETAS.

                                             No puede desdeñar al jardín,
                                          quién ya tiene una flor en la mano.
                                         (Mara España)
¡El café exhala aromas que alertan!
En voces se armaba el último lunes de febrero
cuando apareces altiva, como la Catedral de Colonia
y el último lunes de febrero, se desarma en piropos contra ti.
Tu escote asomaba al chal como una elemental provocación
y tus piernas hacían ignorar tu minifalda.
Ya, a diez pasos de nuestra mesa,
la mirada unánime se había unido al murmullo unánime
y en coro de bajos, tenores y barítonos,
respondemos a tu saludo queriendo agradar
y nuevo hilo teje la conversación:
La belleza del soneto cede a tu belleza,
la rima de la décima sucumbe a tu rítmico andar
y los poetas se desgranan en piropos
que agradeces en sonrisas que inspiran piropos nuevos.
Nos mataste a todos, te dije luego,
a ellos, ahora, a mi desde siempre
y con tu mirada al cielo, como los mártires,
agradeces la infantil coquetería
de los seis viejos poetas a tu alrededor.
Ordenamos café nuevo, con la esperanza del desvelo permanente,
y cuando te marchaste,
solo el desvelo desde entonces, nos queda de tu ausencia.
¡Vuelve un día a la mesa de los viejos poetas
A romper el oxímoron (porque tu ausencia está presente)
Y a remendar las metáforas incoherentes
que nos dejó tu partida!

NADA URGENTE FUE MI DESESPERO.

Gritaré, ya cansado de guardar silencio

que nada urgente fue mi desespero;
que la urgencia se diluye en la memoria,
como la fantasía en el Agua Regia,
que la estela que dejó la prisa
en el Mare Nostrum
tuvo la durabilidad del relámpago
en el ínterin de dos pestañeos consecutivos.
pasaron los siglos con presteza
rodeando cada año tú recuerdo,
al que conservo intacto,
como si ningún segundo hubiera movido un dedo.
seguirán pasando siglos,
haciendo innecesarias las urgencias
y haciendo lógica la victoria
de la tortuga a la liebre
en esta estúpida carrera de la vida.


UN ÁNGEL

Ronda en mi cama un zancudo bueno
que conversa conmigo en la madrugada,
me canta, (su zumbido es un aria celestial)
teje figuras invisibles en la absurda oscuridad,
lo imagino, porque va de un oído a otro,
pero no me pica.
Supongo que cuando en la alta madrugada me duermo
él se duerme también, y es otra manera amigable de respeto.
Nunca he visto un ángel
y hay veces creo que ese zancudo es uno de ellos,
enviado por ti para acompañarme.
No es desafinado como esos zancudos de charcas
trasmisores de “dengue” y otros males,
sino que su canto es apacible, esperado, un canto para bisbisear
Me provoca aplaudir su canto, pero…
no aplaudiría en la oscuridad para no incriminarme!
Hay otras cosas extrañas en mis noches,
gusanos de luz que encandilan el despabilamiento,
grillos fastidiosos que se incrustan en las rendijas de mis desvelos,
diablillos que azuzan el pensamiento negativo de los celos,
gnomos saltarines de colores fluorescentes,
que veo como culebrillas incandescentes,
el enloquecedor silencio de la una de la mañana,
el vallenato llorón y repetido de algún pendejo enamorado,
que se deshace en lloriqueos y serenatas,
la luna, que se mete por el huequito de la teja corrida
y tú, mujer, que por fortuna, te evades del pensamiento
apenas asoma cualquier interrupción de las nombradas.

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