miércoles, 7 de abril de 2021

UN DOMINGO MALOGRADO.

UN DOMINGO MALOGRADO.




El cielo era de un azul espectral ininterrumpido
la brisa, sosegada, fresca, grata,
el agua, cristalina, como si no fluyera,
como si se tratara de un pozo de resina.
El sol brillante, como esos soles veraneros de Valledupar,
en ocasiones, un grillo o un pájaro, interrumpía el silencio,
en El Parque Lineal de Hurtado esa mañana.
El sendero era limpio,
con hileras de mesa y sillas desocupadas,
cuando aparece una mujer, tan trepidante,
a interrumpir la calma del instante
y se prenden las plantas de emergencias
y empieza cantando “Mañanitas de Invierno”
la estentórea voz de Tomás Alfonso Zuleta
en algún estadero
y Silvestre Dangond: “Niégame tres veces” en otro
y Diomedes Díaz: “Camino largo” en un tercero
y Oñate y Villazón y todos a su paso.
y, tras de ella, una romería de gentes que aplauden,
que silban, que abuchean al triple grito de ¡Histeria!
el pelo suelto, largo, bamboleante,
la falda concisa, vistosa, apretada,
la piel tersa, canela, mate,
los senos turgentes, esféricos, galácticos,
y yo, mamífero estupefacto,
sabiendo que la paz se había esfumado
vuelvo el libro a la mochila
y el camino de regreso en amarguras
sabiendo que Electricaribe ha vuelto a dejar la ciudad sin energía
hasta las 5 de la tarde
y algo debo escribir para un domingo malogrado.

ESTE LEÑO QUE ARDE POR TI, ISABEL

Un leño arde fuera de su fogón 
crepitando y lanzando pavesas, 
sabiendo que un cuerpo lo espera en algún lugar.
Arde un leño, como una tea,
que alumbra el camino que hacía ti conduce,
que se niega a extinguirse, 
que persigue en silencio 
encenderte en el fuego sacro del amor.
Arde un leño, ansioso de ti, Isabel
buscando abrasar tus cuerpo
que ansioso también lo espera 
en la prudente eternidad del tiempo. 
Tú, que combustionas mi ego pasional, 
Que un día me confesaste sin ambages
Que no tenías dudas
Que bien podrían nadar pececillos en tus humedales
Cuando mis labios te besan,
que me enciendes aun en tu ausencia, 
que repotencias mis ansias de tenerte
acude presurosa amada mía,
no dejes que se consuma innecesariamente 
este leño que arde por ti, Isabel


EL HOMBRE
EL PAJARO

Cuando eleva su pensamiento, el hombre es un pájaro,
no es necesario que vuele, basta con permanecer
a baja altura, sin tocar tierra en cinco segundos, que son una eternidad
¡Basta con no sumergirse!
El aleteo es un adorno en el ballet de vivir, 
mantenerse elevado un instante pone alas eternas al hombre.
EL PEZ

¡Cuando el hombre se sumerge, es un pez.
Y pasa a ser un pez vulnerable, chico, indefenso. 
sumergido queda a merced de los depredadores 
que lo engullirán en un  bocado. 
¡Está bien que al hombre sumergido 
de paso a especies más aptas!

EL REPTIL

Cuando el hombre renuncia a su condición de hombre
 para inclinar la cerviz, 
así sea delante del presidente, o del papa, un líder fracasado o la amante, 
renuncia también al respeto y a la consideración. 
Cuando el hombre repta, es un ofidio ineficaz,
sin veneno siquiera para su propia mordida
que le restituya un mínimo de  dignidad con el suicidio.

DIOS
Cuando un hombre defiende sus derechos,
como recomienda Almafuerte,
y exige sin arrogancia pero sin arrugarse el respeto debido
y defiende con su propia libertad y su vida la dignidad, 
¡el hombre es un dios!


TE NECESITO.

Yo necesito de ti, yo necesito tu apoyo,
yo necesito a mi lado tu dulzura y comprensión,
yo necesito tu mano para asirme si camino,
necesito tu cariño,
necesito tu ilusión,
porque a tus deseos fortuitos mis poemas elaboro.
Yo necesito tu risa y necesito tu llanto,
la una porque amo tanto,
el otro porque me incita;
necesito el balbuceo
de tu infinito desvelo,
necesito, como el cielo,
del Sirio multiplicado que mis penas desvanece,
necesito de tus labios tu risa que me estremece,
tu comprensión necesito y necesito tus celos.
Yo necesito el aliento de tu voz en mis oídos
en esas mañanas limpias cuando el pajarillo canta
y te acurrucas desnuda buscando mi protección,
que te brindo sin desgano mi compañera del alma.
Y cuando estás enojada, para resarcir el alma
yo  necesito un “te quiero”
de aquellos que me adormecen.
Yo necesito aquel guiño que oculta la picardía,
necesito la armonía
del hambre y el bastimento,
necesito del sustento
de aquellos besos cocidos en el calor de tus labios,
y sin que debas dudarlo,
necesito tus reproches, tus regaños e ironías.


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