miércoles, 7 de abril de 2021

EL MAR

EL MAR




Harto de esta mediterraneidad,  
buscaré al mar como mi aliado. 
Apaciguaré su embate que con furia, 
roe la arena y muerde al cocotero, 
poniendo pequeños acantilados en donde existían hermosas playas.
No quiero ecos. Temo al eco. 
Las montañas me devuelven como burlas los gritos emitidos,
el desespero puesto en ellos
y todo el dolor se me repite 
como si regurgitara el monte 
este tormento expresado hace un instante,
y lo repite con insistencia porque el eco sabe que me choca.
El mar no volverá mi grito. 
La lejanía del retorno  lo callará para siempre
y habré de tener nuevas penas para exorcizarlas 
en la brisa marina de la madrugada. 
No la misma que se vuelve a mí con más tristezas, 
con más vibrato y con sonidos lamentables 
en el retorno en este angosto valle.
¡Me curaré de eso y haré del mar mi nueva morada
para cantarte versos nuevos.
Me haré pescador. ¡Buscaré compañía a esa injusta soledad!.
 El remo, el bote, la red y yo, en contubernio, 
abandonaremos al fantasma de la soledad a la deriva. 
Ahogaremos a la soledad si es necesario, 
Buscaré el mar, porque la montaña es una burla permanente
 y no podré  olvidarte en la reverberación de esta voz apagada, triste, enamorada que en gritos cada madrugada
emite el lamentable aullido del abatimiento 
que me causa tu ausencia.

EN EL UMBRAL DE LA PENUMBRA

Ante tus ojos, que son un colirio para los míos,
vierto una lágrima que arde como la sal en la herida,
que quema, como el ácido en la piel,
que hiere, como tu indiferencia.
Y es transparente, como la lágrima inocente,
que parece inofensiva, pero mata.
Inmóvil permanezco en el quicio de tu puerta,
admirando la belleza de tus ojos
ignorándote Medusa, ya hecho piedra.
pero conservando la conciencia de quererte.
Encallado en el umbral de tu puerta,
que es un puerto exquisito del amor,
esperando el remolque de un abrazo que no llegará jamás,
envejezco, sin gracia ni victoria,
¿Qué maligno destino me conduce
a perderme en este laberinto de acechanzas
perdida la fe y sin esperanzas?
¿Persigo en tus ojos matadores
el castigo por el acto indecoroso
de serle infiel a otros amores?
¡No lo sé!...Pero me siento feliz petrificado
bajo este sol tibio, que no alumbra
mi incierto futuro contrariado
y no quiero moverme de este quicio
de la puerta que conduce al sacrificio
sabiéndome en el umbral de la penumbra


ALMAFUERTE

¿Pasará que algún día, ya cansado y sombrío,
muy a cuesta el pasado, se vislumbre el futuro
como un rayo de luz, tibio, manso, benévolo,
a tibiar nuestras carnes, ateridas y ajadas,
sin que brote la lágrima por la ausencia de brío?
¿Beberemos la copa de la gracia infinita,
(quienes puedan beberla) sin mareos, sin embriagos
aceptando que el cáliz de la dulce prudencia,
ni envilece las almas, ni da altura ni quita?.
¿Y llegará la derrota sin sentirnos vencidos,
sin que caiga la testa a rodar por la tierra
y clamar los perdones del temible enemigo?
¿Llegará en algún tiempo la abundancia de vítores
que nos llene de orgullo, sin perder la humildad?
¡Salve Dios nuestras almas!, ¡El perdón llegará!
….y si llega el perdón… ¿Para qué redimirnos?
Ya cansados, ya viejos, ya vencidos, ya idos…
¿Para qué regresarnos?
¿A sentir pena propia por las penas ajenas?
¿a contar solitarios desventuras pasadas?
¿a colgar de los sueños los anhelos frustrados?
O quizás… ¿a cantar en baladas destempladas las penas?
Cuando el brazo de Aquiles ya no sea poderoso,
cada reto aceptado será dura batalla,
si al carcaj aún le queda, ya sin arco, una flecha,
como lanza ha de usarse en la guerra final,
para darnos ese puesto que al valiente redime
en la ausencia del triunfo
Y se ha de luchar, como dice Almafuerte,
hasta el último instante, y si acaso vencido,
no doblar la rodilla,
y Si nos queda algún brío, rematarlo muy caro,
pero a ausencia de brío, ¿Para qué?, ¿para qué?
¡Sólo quedan perdones y humillantes suplicios
e indignantes caminos tras pérdida batalla,
lacerantes  heridas con punzantes silicios
y un ausencia de brío lastimera en el alma,
y la vida se vuelve muy cargada y pesada
con el ánimo ausente,
Si tan solo se vive de la resignación.
Porque al héroe vencido siempre tiene su Gloria
si buscó infatigable obtener la victoria.
¡Salve Dios nuestras almas!...El perdón llegará.

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