miércoles, 7 de abril de 2021

PERIFÉRICO PATRASEADOR.

A TI PERIFÉRICO PATRASEADOR.





Inútil hombre que no avanza, porque cuando andas te desandas o te hacen desandar; que no dejas avanzar esta finca, que la postras, que la anquilosas, que la detienes.
A ti,  domable vergajo, que te centraste en una única idea y trabajas solo para ello, con mentiras, con engaños, con mañas,
A ti, que limitas el vuelo de las aves para que no consuman a las alimañas, para que no observen sus fechorías, que te haces cómplice con tu encubrimiento;
A ti patrón infame, que abandonas a su suerte los cautivos y sus familiares, que niegas que existen y te descompones cuando te demuestran que si existen,
Que enmudeces a los heraldos, tu heraldo también enmudecido, que sabes que no tienes razón para callar y que callas, porque la fijación primaria te obnubila:
A ti, gerente ratificado, que valiéndote de tu funesta alianza con los enemigos de la hacienda y sus vecinos, intentas apaciguar, sin conseguirlo, al violento que destruye esta tierra;
A ti, anaranjadillo, que creíste salvar tu moral lanzando al mar al romántico pirata enamorado, que fue vuelto a tierra por los delfines de la justicia, y te puso en boca de tus obreros.
A ti, que perderás el hacha y el machete y que dejarás crecer a la maleza para fumigarla tardíamente, un consejo: Deja la hacienda!

LA VIOLENTA EXPRESIÓN DE TU DEFENSA.

La musa está presente,
la elevada y amplia terraza
parece ignorar que otros seres existen
y se extiende infinita a nuestros pies.
Tus espléndidos ojos  observan todo, menos a mí.
Te ruego que me mires
y como esos artistas extremos de rock pesado
me clavas una mirada que me duele.
Sumiso, logro bajar los párpados  y pienso que sueño
y cuando abro de nuevo mis ojos,
tus ojos permanecen ahí, inamovibles,  con una mirada que humilla.
Tu pelo, de plata ahora,  por la luna,
lo restriegas contra mi cara 
con una diabólica expresión que me enamora 
y llego a estar tan próximo a tus labios entreabiertos,
que no puedo (ni quiero) evitar su roce con los míos.
Te enajenas y la blancura filosa de tus dientes
dan contra mis labios.
Jamás te vi fuera de control y desde entonces, no quisiera
que recobraras tu tranquilidad, porque me enamora
la violenta expresión de tu defensa.

TUS OJOS, QUE TE COPIARA EL COCUYO.

Por esos ojos tan bellos
que adornan tu bella cara,
te juro que no mirara
 sino a Dios y al ancho mar
 por eso mujer comprendo
 que pases y no me veas
 porque una vaina tan fea
 con unos ojos así
 tampoco podría mirar,
 y es que tienes en tus ojos,
 todo el amor que María
 al ver su niño tenía
 en sus ojos, ojos tuyos,
 ojos de niño inocente,
 ojos de hembra en celo,
ojos de amor y de cielo,
 tus ojos mujer de Dios
 que te copiara el cocuyo.
 Por tus lindos ojos glaucos,
 por tu luz de candelita,
 por tu mirada bendita
 por tu prender y apagar
 (sólo cuando pestañeas),
 por esa, tu luz tan fresca
 y tibia cuando de cerca
 miran hasta el corazón
¡mi alma quiere cantar!
Por ese destello áureo
 que guía con tanto cariño
 la mejor senda del niño
 o del decrépito anciano,
 por ese calor humano
 que te brota de los ojos
 y que cambia los enojos
 por la más grande alegría,
  ¡por eso te estoy cantando!
Por la esperanza centrada
 al borde de tus pupilas,
 por tu esclerótica henchida
 de la paz que el mundo espera
y que al mirarnos liberas,
 por esa suprema calma
que nos infunde en  el alma
 tu mirada tan divina,
 ¡visto mis versos de seda!
Porque tus ojos derraman
 con la injusticia del mundo
 de tu manantial profundo
 los cristales e tu ser
 y porque con ellos lavas
 mis dolores terrenales,
  son tus ojos celestiales
 mi más profunda razón
!para adorarte, mujer¡

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