A TI PERIFÉRICO PATRASEADOR.
Inútil hombre que no avanza, porque cuando andas te desandas o te hacen desandar; que no dejas avanzar esta finca, que la postras, que la anquilosas, que la detienes.
A ti, domable vergajo, que te centraste en una única idea y trabajas solo para ello, con mentiras, con engaños, con mañas,
A ti, que limitas el vuelo de las aves para que no consuman a las alimañas, para que no observen sus fechorías, que te haces cómplice con tu encubrimiento;
A ti patrón infame, que abandonas a su suerte los cautivos y sus familiares, que niegas que existen y te descompones cuando te demuestran que si existen,
Que enmudeces a los heraldos, tu heraldo también enmudecido, que sabes que no tienes razón para callar y que callas, porque la fijación primaria te obnubila:
A ti, gerente ratificado, que valiéndote de tu funesta alianza con los enemigos de la hacienda y sus vecinos, intentas apaciguar, sin conseguirlo, al violento que destruye esta tierra;
A ti, anaranjadillo, que creíste salvar tu moral lanzando al mar al romántico pirata enamorado, que fue vuelto a tierra por los delfines de la justicia, y te puso en boca de tus obreros.
A ti, que perderás el hacha y el machete y que dejarás crecer a la maleza para fumigarla tardíamente, un consejo: Deja la hacienda!
LA VIOLENTA EXPRESIÓN DE TU DEFENSA.
La musa está presente,
la elevada y amplia terraza
parece ignorar que otros seres existen
y se extiende infinita a nuestros pies.
Tus espléndidos ojos observan todo, menos a mí.
Te ruego que me mires
y como esos artistas extremos de rock pesado
me clavas una mirada que me duele.
Sumiso, logro bajar los párpados y pienso que sueño
y cuando abro de nuevo mis ojos,
tus ojos permanecen ahí, inamovibles, con una mirada que humilla.
Tu pelo, de plata ahora, por la luna,
lo restriegas contra mi cara
con una diabólica expresión que me enamora
y llego a estar tan próximo a tus labios entreabiertos,
que no puedo (ni quiero) evitar su roce con los míos.
Te enajenas y la blancura filosa de tus dientes
dan contra mis labios.
Jamás te vi fuera de control y desde entonces, no quisiera
que recobraras tu tranquilidad, porque me enamora
la violenta expresión de tu defensa.
TUS OJOS, QUE TE COPIARA EL COCUYO.
Por esos ojos tan bellos
que adornan tu bella cara,
te juro que no mirara
sino a Dios y al ancho mar
por eso mujer comprendo
que pases y no me veas
porque una vaina tan fea
con unos ojos así
tampoco podría mirar,
y es que tienes en tus ojos,
todo el amor que María
al ver su niño tenía
en sus ojos, ojos tuyos,
ojos de niño inocente,
ojos de hembra en celo,
ojos de amor y de cielo,
tus ojos mujer de Dios
que te copiara el cocuyo.
Por tus lindos ojos glaucos,
por tu luz de candelita,
por tu mirada bendita
por tu prender y apagar
(sólo cuando pestañeas),
por esa, tu luz tan fresca
y tibia cuando de cerca
miran hasta el corazón
¡mi alma quiere cantar!
Por ese destello áureo
que guía con tanto cariño
la mejor senda del niño
o del decrépito anciano,
por ese calor humano
que te brota de los ojos
y que cambia los enojos
por la más grande alegría,
¡por eso te estoy cantando!
Por la esperanza centrada
al borde de tus pupilas,
por tu esclerótica henchida
de la paz que el mundo espera
y que al mirarnos liberas,
por esa suprema calma
que nos infunde en el alma
tu mirada tan divina,
¡visto mis versos de seda!
Porque tus ojos derraman
con la injusticia del mundo
de tu manantial profundo
los cristales e tu ser
y porque con ellos lavas
mis dolores terrenales,
son tus ojos celestiales
mi más profunda razón
!para adorarte, mujer¡

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