miércoles, 7 de abril de 2021

TUS MANOS




Con la experiencia sacra del alfarero,
siento tus manos moldearme a tu capricho
y mi conciencia pasiva lo permite.
Mi concentración aúna los sentidos
al placer excitante que produce
tus mágicas falanges en mi cuello.
Tus dedos, como ángeles alígeros,
levantan espinas en mi piel
al tacto más leve imaginado,
y la mórbida caricia de tus dedos
altera mis sentidos al instante
llevándome a esa nada pasionaria
que obedece solo a los instintos.
Yo, no soy yo, al roce de tus manos,
soy un dócil ilota a tu servicio,
un vasallo vencido a tu hermosura,
un instrumento servil a tu capricho.
Destejes mi cordura con la magia
de tus ágiles dedos en mi piel.


LOS TRES HIJOS DE LA PATRIA.
¡Eres grande todavía!

Solo estás adormitada,
te han sedado tus hijos,
tus hijos traidores,
tus hijos maulas,
tus hijos ingratos.
La viveza extraña de tus hijos,
que te venden tu alma,
que corroen, como hienas carroñeras,
tus entrañas,
que te roban el alma
y te desalman,
que derraman tu sangre
y te desangran,
que beben tu vino
y te emborrachan
y tu agua pura,
y la que queda,
la enturbian o la desaguan.
Pero eres grande todavía,
aunque estés adormitada,
y cansada de dolor, nunca te duermes
y en vigilia eterna te la pasas,
como la madre buena,
como la madre Santa,
que sufre cuando el hijo se le apaga,
y no importa si es bueno o malo el hijo,
lo que importa es que es hijo,
y no otra vaina.
Y como tú, está sedado tu hijo bueno,
¡Tu hijo bueno, que te ve hundir
y no hace nada!
que ve que te envilecen,
y no pronuncia siquiera una palabra,
que ve que te condenan las Potencias,
(Las ocho potencias desgraciadas)
y acepta la condena,  con pusilánime resignación
¡Y no hace nada!
y comulga con la penitencia
que te mata a tus hijos y a tu alma,
que mata al juez,
y al cura,
y al policía,
y al comediante,
y al campesino
y al inocente niño,
y que abre hueco nuevo al cinturón
y que arrasa tus campos y tus aguas,
y al mágico conejo
y las gráciles torcazas
y que pone el desierto en las montañas
y engendra hijos de seis dedos
y de brazos oblicuos y que echan babas,
de padres que ayer fueron normales,
y teratológicos abuelos del mañana,
que hongos biófagos te siembran en tu suelo,
que arrasan con tu flora y con tu fauna
y tu hijo bueno, no hace nada.
¡Nada!
No, no es del hijo bueno la esperanza,
ni del bueno, ni del vil,
porque son pocos los buenos, por fortuna
y por fortuna, son también, pocos los maulas.
Es de ti, del hijo tácito,
del hijo promedio,
del hijo abundante,
del que no chupa la sangre de la patria
y le crispa la obediencia vigilada,
del hijo que maneja los tractores,
del hijo que ordeña las vacadas,
del que recoge el fruto y no los prueba,
del que en la comba de la mano asienta el agua,
del carpintero,
que recicla los cadáveres de la tala,
del que pega los ladrillos en la tapia,
del que maneja el taxi
con un título profesional,
que consumió la mitad de sus pestañas,
del ama de casa, que contempla
como se desvanece la esperanza,
del raso en la milicia y en la armada,
que han puesto el pecho en la batalla
Y en  cuyo pecho, excepto de su luz,
no brilla nada,
del campesino, que siembra  los campos de la patria
y del obrero…ese nuevo miembro,
ese nuevo nombre de los manumisos.
De ustedes espera la patria,
que se afine la voz y las gargantas
para que sea Colombia,
nuestra patria,
¡Nuestra al fin!
Amada y respetada,
y despierta y vigilante y libre
y clara, como la luz de las mañanas.
Maracaibo 2.000.


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